No falta quien descalifique las opiniones del "Zurdo" por su postura ideológica y posicionamiento político. Por mi parte, a las personas sólo las clasifico por su decencia, honestidad, talento y virtudes. Hace rato que superé la manía hemipléjica (izquierda-derecha) que paraliza y empobrece. A los hombres los prefiero definidos, claros y frontales, como para saber con quien trato y no perder el tiempo con obsecuentes, pusilánimes y acomodaticios.

Él, además, era un tipo amplio, sabía escuchar y superar esos etiquetamientos. Y tenía la virtud de ser consecuente con lo que pensaba, algo cada día más raro y escaso en el ambiente: vivió con modestía, sin ostentaciones, sin deslumbrarse por los grandes festivales o marearse con la fama, desesperarse por el "cachet", incapaz de "codear" a un colega para trepar a algún escenario... ¡Cabal, genuino, auténtico! Schubert Flores Vassella

Reflexiones (II)

Yo vi la "lista negra" de los músicos populares en Argentina, confeccionada por los militares que dieron el golpe en 1976. Me la mostró, sacándola de un cajón de su escritorio, Aníbal Cufré, locutor, animador, autor de letras de canciones, que la dictadura militar puso a cargo de la dirección de LR4 Radio Splendid de Buenos Aires. Sin dudas, fue un adherente al golpe, fueron testigo de lo que digo, Guillermo Zarba y Walter Heinze. Los Trova, dúo Salteño, Quinteto Tiempo, Los Andariegos (con sus nombres y apellidos), Yupanqui, Tejada Gómez, Lima Quintana, Mercedes Sosa, Ramón Ayala y hasta Ariel Ramírez encabezaban dicha lista. Según el informe, "desde la superficie apoyaban el accionar de la guerrilla terrorista y apátrida".

También había gente de tango como osvaldo Pugliese y Héctor Negro, por nombrar un músico y un poeta. El macartismo era tan cruel y tenebroso que entre los libros prohibidos figuraba el Martín Fierro de José Hernández.

Doctrina de Seguridad Nacional mediante, el enemigo imperialista sabía a donde apuntaba, había que eliminar de los medios todo lo que tuviera "color, aroma" a identidad, a respeto a las raíces, a la palabra y al pensamiento profundo. Sin identidad y sin raíces nos manejaban mejor. Sin amor a la tierra, sin amor a la gente (esto no es fachismo como algunos "iluminados izquierdosos" pregonan) el proyecto neoliberal encabezado por Martínez de Hoz (motivo principal del golpe) resultaba más fácil de aplicar. Así se explican los 30.000 desaparecidos, torturados, exiliados que pelearon contra este proyecto económico, y por eso resulta intolerable escuchar a personajes del oficialismo de turno jugar el papel de víctimas del proceso militar cuando han continuado y profundizado la misma política de entrega, pero eso sí, en democracia (o dictadura de mercado).

Todo este comentario apunta a que nuestros jóvenes de entonces y los que generacionalmente le siguieron, carecieron del conocimiento de lo que era la Argentina cancionera, musical y poéticamente hablando. No se identifican con lo nuestro por que no lo conocen. ¿Qué entra y sale por los medios?: las formas rockqueras de entonces que comercialmente el enemigo imponía por todo el mundo (cantado en inglés, por supuesto).

Como consecuencia de la política cultural de la dictadura, los chicos indefensos ante el genocidio, se identificaron con el rock para expresar sus broncas, denunciar las injusticias de aquellos tiempos (que siguen siendo las mismas de hoy), y se expresaron y aún se expresan con dicha forma musical, aunque a medida que van descubriendo a los grandes músicos y poetas nuestros del campo del folklore y del tango, se inclinan por estos por una cuestión de sangre y sentimientos. Los grandes melodistas de la música Argentina, por suerte, son cada vez más interpretados por nuestros muchachos rockqueros (Baglieto, Vitale, etc.).

La realidad nos dice que para testimoniar "la noche de los lápices", en aquella época les resultaba más auténtico hacerlo con el rock y no con una zamba, milonga, chamamé o un tango.

Todo esto me parece válido, como análisis de una no deseada realidad. Lo que no me parece válido es pensar o decir (como algunos "progresistas" caso León Gieco) que los folkloristas nos borramos ante los hechos aberrantes de la dictadura militar o las injusticias sociales actuales. Hubo gente exiliada, otros auto exiliados y muchos, la mayoría (entre los que me incluyo) que sufrimos un exilio interno muy duro, con el temor y el terror cotidiano como constante. Dice un dicho criollo, dice hernández: "No encierren que no es corral".

No acepto que nos metan a todos los "folkloristas" en la misma bolsa con Moneta y los que lo rodeaban, recibiendo el Martín Fierro '94, haciendo la "apología de la identidad". Esos no son los nuestros. No somos aquellos que se disfrazan de gauchos los fines de semana y el lunes van a depositar al City bank el producto de las ganancias conseguidas explotando gente trabajadora del campo, como decía mi hermano mayor Aníbal Sampayo. Vale la pena aclarar que muchos cantores comprometidos de entonces, lucraron con eso de "que viva el pobre y muera el rico". Ejemplo: Heraclio Catalín Rodríguez, más conocido por Horacio "Pueblo" Guaraní. Amigo de Menem, Moneta y la Fortabat, a quienes les ha dedicado canciones, fiel exponente de lo que no se debe hacer, demagogo hipócrita, mentiroso y oportunista. Lo lamentable es que ha hecho cosas muy buenas, sobre todo en su primera época como cantor popular. Otro ejemplo: Julio César Isella, atado en su momento a los intereses de Soledad Pastorutti, SADAIC y responsable que "Garzas viajeras", hermosa canción testimonial de mi hermano Aníbal Sampayo, compuesta en la década del ´60, grabada por esta cantante, se le atribuyera a José Larralde, de cuya versión fue copiada. Por supuesto, quedándose con derechos correspondientes a Aníbal. Eso sí, Isella la juega de artista "progre". Hubo otros que jugándola de muy "argentinos" sirvieron a los intereses de los militares, en el operativo Independencia en Tucumán a las órdenes del genocida Bussi. Me refiero a Daniel Toro autor junto al poeta Ariel Petroccelli, de la conocida canción "Cuando tenga la tierra". Quiero aclarar que tanto Toro como Isella son autores de muy buenas melodías.

Pienso que la "verdad", cantada o escrita ya está en la obra de Hernández, Yupanqui, Román, y muchos otros grandes poetas y músicos argentinos. Ejemplo el poema "Hay un niño en la calle" de Armando Tejada Gómez, en la recordada y querida voz de Chito Zeballos.

Pienso que esta "verdad" merece ser conocida por nuestros jóvenes en la búsqueda de una identidad que necesitamos reconquistar. Por todo esto, propongo debates, invitación a los sindicatos combativos, partidos políticos progresistas y a todos los Argentinos que sientan la necesidad de recuperarla. Por que esa identidad existe, es muy rica, y compatible con la AMERICA CRIOLLA que Marcelino, allá por el `53 nos trazara con una visión superadora y luchar todos juntos contra el enemigo identificado por el Ché: el imperialismo yanqui con sus testaferros nacionales e internacionales.

Miguel "Zurdo" Martínez
L.C.: 5.935.794

Al "Zurdo" lo queremos todos porque es imprescindible.
No es sólo su magnífico canto. No es sólo su sonido profundo en la guitarra. No es sólo su talento creador.
Es imprescindible porque nos transmite historias de la tierra y el pueblo. Y ese legado no se puede aprender ni con mil acordes, ni con todos los compilados de teorías musicales.
Tierra y pueblo es lo que necesita cualquier artista que se asoma a la música de suu propio país, y estamos hablando de entidades que suelen escasear en el actual dimensionamiento de la cultura nacional. Para muestra basta un botón: los recientes festejos por los dos siglos de existencia del país, fueron abiertos y cerrados por el rock.
Cuando el "Zurdo" reniega con esta cosas, está expresando su propio hartazgo, pero desde la conciencia, la ideología y el coraje para decir lo que otros callan.
Además, el Zurdo" es un solista, esa categoría que es todo un universo artístico que debemos recuperar, desde que fuera consagrado por Atahualpa Yupanqui y Eduardo Falú.

Juan Falú, junio de 2010.

Pd: adjuntas, fotografías del "Zurdo" en la Casa del Fondo Nacional de las Artes. Buenos Aires, 24 de setiembre de 2010.

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