Prólogo de Suma Paz al del libro "Caminos en la noche. Sendas interiores en Atahuapa Yupanqui" del Padre Carlos

Prólogo

“Por caminos solitarios
Yo me puse a caminar.
Por fuera nada buscaba.
Pero por dentro… quizás”.

Atahualpa Yupanqui

Sí. Estos son los caminos luminosos, aquellos de la inquietud y le desvelo.
Ahora, la noche los guarda no para el olvido si no para la revelación.
Y aquí está el viajero dispuesto con su lámpara encendida; no es el viajero de la mirada admirativa, el de la preocupación estética, o el analista intelectual. La mirada de este viajero que ha encendido caminos en la noche, es la de un hombre de la FE. Por eso la luz que trae consigo es poderosa: es que los faros bíblicos la alimentan desde lejos y el signo de la palabra – el VERBO – la protege.
Entonces aquí no hará falta aquella conmovedora recomendación: “que la mano del viajero proteja del viento la pequeña luz de la vela.”
Este viajero de la luz conoce los caminos en la noche y sólo sabrá detenerse en cada llegada y en cada partida: entre tantas el silencio, el canto, el viento, Dios. Llegadas y partidas, casa una con su propia luz; los infinitos pasos del espíritu creador, las piedras, los atajos, la duermevela de la esperanza y de la espera.
Así nunca será tarde en estos caminos en la noche.
Allá en el horizonte, se yergue el resplandor de un árbol eterno: es la que abreva en todos los misterios; es el que emblematiza el milagro del hombre en la tierra; es el que abriga en su sombra los destinos.
Gracias Padre Otero. Gracias por entregar tanto en este libro.
Gracias por ir más allá de la belleza o de la lírica; para mostrar a los que se han quedado sólo con eso, el verdadero, único significado de la obra de Atahualpa Yupanqui.

Suma Paz

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