REVISTA GENTE - Mayo 1970

VIAJE HACIA EL FONDO DE UN GRAN CREADOR

Gentileza: Eduardo Arolas - http://discosyotrascosas.blogspot.com/

DON ATAHUALPA YUPANQUI, UN NOMBRE MAYOR DE LA POESÍA Y LA MÚSICA ARGENTINAS, ES TAMBIÉN UN AUTENTICO ÍDOLO DE LAS JUVENTUDES DE EUROPA. SUS RECITALES ALLÍ SE HACEN SIEMPRE A SALA LLENA. AQUÍ, TODO SU PENSAMIENTO, SU TRAYECTORIA.

El hombre ni siquiera se movió. No hizo un ademán ni tampoco in gesto. Parecía una escultura de terracota acomodada desde hacia un siglo en esa silla del cafe Sólo su mirada espesa, con una rara cualidad de pintura verle iluminada por la luz de la tarde, se levantó despacio, como empujando con esfuerzo hacia arriba sus párpados de piedra. Después levantó una mano, con suavidad, hacia el periodista de GENTE y dijo:

-No me hagas preguntas sobre ni vida privada. Los artistas no tienen biografía. Tienen destino. Y ahí está lo difícil: cumplir la misión del hombre.

Es como si Atahualpa Yupanqui saliera del fondo inmemorial del tiempo con su cara terrosa, sus párpados pesados, su verde y vieja mirada de guitarrero nostálgico mirando lluvia.

-Pero la gente quiere saber -protestó.

-Preguntá -dijo Atahualpa levantando con cámara lenta su pocillo de café. Cuando lo bajó, con la misma lentitud, la honda indolencia de un hombre de tierra que sólo vive madera adentro de su guitarra, el periodista había tenido tiempo de pensar preguntas molestas.

-Contame algo sobre tu primer viaje a Europa -dijo.

-Estuve en Hungría, Bulgaria, Rumania y Checoslovaquia...

-¿En qué años?

-Del 48 al 50.

-¡No fuiste a la Unión Soviética?

-No me dejaron entrar. Soy un individualista y ése es un sistema en que el hombre y su opinión no cuentan; pero para ser hombre del pueblo no necesito un carnet. Me fui del partido (el comunista) en el año 1953, pero ya me conocían como a un individualista. Por eso no me dejaron entrar.

Un mozo mueve una silla. Por vereda pasa una muchacha en pantalones que reconoce a Atahualpa y le tira una mirada azul que se hace añicos contra los ojos de piedra de hombre impasible. ("Me dan ganas de alzar los pedacitos -piensa el periodista- lo mejor los pego y me sirve mi"). Pero no lo hace y pregunta:
-¿Qué hiciste en ese viaje?

-Música, por supuesto. En Hungría hice una investigación sobre la música magyar y también la gitana, dos estructuras totalmente distintas.

-¡Aja! -dice el periodista- los otros días estuve con el negro Guerrero Marthineitz y me contó que en París los muchachos andan con tus discos bajo el brazo. -Ahora lo mira y le parece que el recuerdo mueve como un palito la tinta verde de la mirada en sus tinteros de piedra-. ¿Es cierto? -pregunta.

-Es cierto -contesta el entrevistado-. Sucede que me conocen bastante. Estuve en París y en África varias veces en el viaje del 48. No me acuerdo bien si en el 49 o en el 50 di cuatro conciertos junto con Edith Piaf en el teatro donde Orson Welles estaba haciendo el "MacBeth". Los jueves era su día libre y entonces trabajábamos allí la Piaf y yo, siempre a sala repleta. En seguida me dediqué a grabar canciones argentinas en el sello Boite de Music, y cuando reaparecí, hace tres años, eso me fue muy útil. Ya llevo dados en París 86 conciertos, todos a sala llena. En los programas está la traducción de las cosas que canto y los muchachos se enloquecen. Quieren salir a la calle a hacer lío. Se enfervorizan como locos.

"¿Qué cantará este coso para que los muchachos quieran salir a la calle a armar rosca?", piensa el periodista, y pregunta:
-¿Se puede saber la letra de lo que cantas?

-Y... yo no me callo. Cuando la cosa va mal, yo no me callo. No seria auténtico si cantara solamente villancicos de Navidad. No puedo cantar solamente para un determinado sector. Canto para el pueblo. En un disco que grabé en el 58 para Odeon está mi posición a través de los 30 minutos que dura: los problemas de los peladores de cañas, del arriero y del hachador de los montes, de lo que nosotros en Córdoba llamamos el siete oficios, ese tipo que hace de alambrador, de arriero, de hachador, domador..., que te hace una mesa y de changador..., en fin, un tipo que tiene dos brazos y mucha hambre. Son unos dos millones. Son tos que alimentan las guitarras paisanas, esas guitarras pobrecitas... Siempre he cantao canciones para el postergao... Desde chico me acuerdo de ese verso del "Martín Fierro" que dice: "Son campanas de palo las razones de los pobres". Esas campanas de palo resonaron muy hondo en mi. Incluso cuando no tenia intenciones de grabar discos. Yo pensaba: "Pucha, si pudiera crear un metal para yaparlo al palo y se pudiesen escuchar esas campanas". Las campanas de palo que agitan los pobres no tienen eco. Sólo otro pobre las escucha.

"Se está poniendo lindo este asunto -piensa el periodista-. La estatua se está calentando. Preguntale que hace con toda la guita que gana, a ver si tiene adentro la campana de palo o la caja fuerte".

-¿Ganaste mucha guita con tus canciones, no?

-La moneda es redonda -dice Atahualpa, y los párpados de piedra caen como una losa sobre su mirada cansada de sostenerlos-. La tiene que haber hecho un sabio. Para que ruede y se gaste. Si estoy en París, y en Mentón hay un concierto de Bach o de Vivaldi, me tomo el avión y voy a escucharlo. Escucho el festival y me vuelvo a París. Vivo siempre al día. No tengo cuenta en ningún banco, porque siempre gasto todo lo que gano.

-¿Me podes decir algunos de los versos esos del disco de media hora?

-Es muy largo. Son 120 sextillas..., estrofas de seis versos, es decir más de 700 versos.

-Bueno, algunas de las que más te gusten -dice el periodista.
Sin más conversación, la estatua de tierra se llena de sangre, los ojos de ruidos del corazón, y recita:

No me arrimo así no más
a los jardines floridos;
sin querer vivo alvertido
pa' no pisar el palito.
Hay pájaros que solitos
se entrampan por presumidos.
Detrás del ruido del oro
caen los maulas como hacienda.
No hay flojo que no se venda
por una sucia moneda,
mas siempre en mi patria queda
criollaje que la defienda.
Y aunque me quiten la vida
o engrillen mi libertad,
y aunque chamusquen quizá
mi guitarra en los fogones,
han de vivir mis canciones
en l'alma de los demás.

-La última -dice ahora el poeta- es la que cierra el poema:

"No me nombren que es pecao". ¿Te acordás que era pecao nombrarme por las radios? La cosa duró 9 años. Por ejemplo: si alguien cantaba "Camino del indio", decían: "de autor anónimo". Bueno, dice así:

No me nombren que es pecao
y no comenten mis trinos;
yo me voy con mi destino
p'al lao donde el sol se pierde.
Tal vez algunos recuerden
que aquí cantó un argentino.

-Sobre este asunto de la prohibición de nombrarme (46 al 55) tengo una anécdota muy graciosa. Una vez llego en auto a Cruz del Eje (Córdoba) y me voy a un club a comer un asao con unos amigos. La gente me reconoció y me señalaba, pero yo me hacía el opa. Había una orquestita lugareña que tocaba tangos. Era en el 48. De repente tocaron "Viene clareando", una zamba con versos míos, y el locutor, vivo el hombre, pa no violar la ley dijo: "La zamba que hemos tocao pertenece a un autor anónimo que nos honra con su presencia".

Los dos ahora, el periodista y el artista, están sentados allí, resplandecientes de risa, festejando la ocurrencia del anunciador que no quería contravenir "las órdenes de arriba".

-Decime -dice el periodista-, ¿te acordas de muchos sueños?

-De bastantes -contesta el poeta.

-Contame uno que sea lindo.

-He soñado más de una vez con platos voladores y su gente. Son individuos normales, como nosotros... Aunque no hablan yo les entendía todo, un poco como el lenguaje que tienen las piedras o los árboles. Me decían que eran de una galaxia lejana. Nada que ver con la Luna ni con Venus ni con Saturno ("Nada que ver con el romanticismo ni con el sexo, puesto que Venus es Afrodita y Saturno no cuesta mucho relacionarlo con las saturnales", interpretó el periodista). Tiene que ver -aclara el poeta- con la organización mental que regía su mundo. Su sistema celular en vegetal y no tenían celos animales. Me decían que Tihuanaco era obra de ellos, y las pirámides mayas y egipcias, también. Se me presentó varias veces ese tipo... Una vez que estaba dormido en los jardines del Luxemburgo, en París, donde voy a leer o a mirar a los chicos que juegan..., bueno me dormí en un banco y llegó el tipo y me dijo que la gente de la Tierra iba a lograr su equilibrio el día que elimináramos el ruido.

("Ese tipo debería comunicar su hallazgo a los colectiveros, camioneros y automovilistas porteños", piensa el periodista, pero no dice nada). Y me explicó que la palabra es ruidosa, las armas, el automóvil, todo, y que de ahí viene el desentendimiento del hombre con el hombre. Entonces este artista sin biografía amontonó su destino futuro para los lectores de Gente: se va hoy (27) a Madrid por unos días, y el 10 de junio estará en París, por varios meses, dando conciertos. Lleva a Los cantores de Quilla Huasi (a Barcelona y Madrid).

"Ellos se quedan allí -explica el cantor-. Tienen un repertorio muy simpático y muy agradable. Pienso que se van a desempeñar muy bien estos cantores de la Casa de la Luna... Es quechua, ¿sabés? Mama Quilla es la madre de las luces blancas, y Huasi es casa.

Conversó con Herman Hesse, bailó con Ingrid Bergman el vals "Danubio Azul", comió con Chaplin y "El Cordobés" y discutió con el premio Nobel, Miguel Ángel Asturias, por TV acerca de la Luna cuando el escritor dijo que había perdido vigencia "el reinado de la Luna". Atahualpa le retrucó diciendo que "no hay decreto de ningún gobierno de astronautas que pueda impedir las mareas, la fecha de castración de los potros y las siembras. Con todo el enorme respeto que usted me merece, le digo que no porque un gringo haya pisao la Luna se va a acabar todo eso".

Así, este indio que habla francés e inglés, que se defiende en húngaro y japonés (estuvo en Japón dando conciertos en los anos 64. 65. 66 y 67) solo se indigna contra la ingratitud.

-Cuando murió Carlos Montbroun Ocampo, autor de la letra y la música de 60 zambas, en Japón lo sabían -le explica al periodista-. Murió hace 8 años y aquí nadie le rindió jamas un homenaje. Para los japoneses es Beethoven. Le dicen "El Maestro", y me preguntaban: "¿La prensa mundial no se ha ocupado de la muerte del maestro?" Allá en Japón, sabés, se enteraron por mi.

Atahualpa lleva ahora un valijín con los últimos discos de Troilo y otros tangueros para difundirlos por las radios de París. El periodista y Atahualpa se ponen de acuerdo para sacar fotografías en su casa. Entonces llega el infarto que, aunque no grave, hace esperar. "Una travesura de mi corazón", lo llama el artista. Basta una semana para que se reponga y pueda posar para el fotógrafo. Primero en la cama, aunque sólo primeros planos; luego, en un sillón. Piensa viajar hoy, siempre y cuando el médico lo autorice.
En su casa, sobre el piano, veo un folleto del 20º Festival de Menton. Dentro, a toda página, una fotografía suya, del mismo tamaño e importancia que las de los otros artistas que figuraron en ese famoso festival: Isaac Stern, uno de los dos o tres mas grandes violinistas del mundo; los pianistas Byron Janis y Sviatoslav Richter ("Pesa mas de cien kilos, y cuando le pedí un autógrafo me dijo que jamás los firmaba, pero que a mi, por ser su hermano en el arte, me iba a dar uno. Me estrujó en sus brazos hasta casi romperme y me besó en la mejilla diciendome: éste es mi autógrafo"), el Cuarteto Vegh y otros muchos. Entonces el periodista empieza a sentirse orgulloso de que un argentino que es un artista de verdad sea una persona tan importante en el mundo europeo del arte.
Y en la biblioteca ve sus libros: la novela "Cerro Bayo", 10 ediciones aquí y traducciones al francés, el holandés y el japonés; las ediciones francesa y holandesa de "Aires Indios'", las francesas de "Guitarra" y "Canto del viento" y el libro que sobre él escribió Femando Boasso ("Atahualpa Yupanqui, símbolo, mensaje y drama"). De paso, como tirándole al periodista una cosa sin importancia, le dice que en el año 1956 un libro suyo ganó el Primer Premio a la mejor película, y que por esa misma película le dieron igual galardón a su música en el festival de Karlovy Vary.
Con la sencillez que le es habitual le ofrece al periodista un mate (el médico le ha autorizado cuatro por día) y llama un "remisse" para que él y el fotógrafo regresen a la editorial (está lloviendo). En el viaje, el fotógrafo le dice al periodista: "¿Sabes qué suerte que me hayan mandado a mi a hacer estas fotos? Estar al lado suyo me emocionó."
El periodista, que comenzó esta nota como una más a "un indio guitarrero", empieza ahora a saber muchas cosas. Una frase de Atahualpa, por supuesto: "Allá en Europa te agasajan y te besan los grandes del arte. Aquí..., dicen: ¡qué va a ser artista ése, si vive al lao de mi casa".

LEO SALA

Fotos de JUAN MESTICHELLI

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