RACO y YUPANQUI... por Schubert Flores

Anduve algunos días por Raco, Tucumán, lugar de encanto, valle hermoso de clima eternamente primaveral, florecido en tarcos (jacarandaes) y cortinado por cerros y montañas en todos los azul-celeste imaginables... Morada de Atahualpa Yupanqui en una de las etapas más fructíferas de su carrera artística, de 1935 a 1945, aproximadamente.

"En el pago de Raco
y en el Campo de la Zanja,
donde se siembran penas,
se cosechan esperanzas"

Ida y vuelta a la capital provincial, casi 1.200 kilómetros en veinticinco horas de ferrocarril, como para saborear en detalle la feracidad de la pampa bonaerense-santafesina roturada en cuadros multicolores de cultivos y ganado lechero; la soledad semidesértica del monte santiagueño; y el comportamiento natural del pasajero-habitante lugareño.

El argental - por argentino y oriental- Ernesto Johansen tiene allá un pariente porteño y tanguero, Osvaldo Lacquanitti, de alma hospitalaria, generosa y bellísima familia, con casa de fin de semana arriba de los mil metros. Avecinado, para colmo, al poeta Néstor Soria -y Analía Madrigal-, irresponsables del Centro Cultural "La Calladita", con biblioteca, discos y muestra de artesanías... ¡Algo así debe ser el paraíso!

Todos los condimentos como para tentar a un rescatador de alma e intentar reconstruír las huellas de Don Ata. En 1993, Raco inauguró una plazoleta con monumento pétreo al patriarca, denominó Atahualpa Yupanqui a la vieja calle principal, y con el nombre de sus obras a las transversales (De las Piedras, El Alazán, La Viajerita, Del Grillo, etc.). Todo el conjunto luce hoy, lamentablemente, muy falto de mantenimiento... Allí nomás está el viejo corral de pircas, cantado en La Raqueña, hoy patio-parque de una hermosa finca cuyo propietario tuvo el tino de preservar esta reliquia de tiempos fundacionales.

"En el corral de pircas,
zumba mi lazo.
Así me zumba el alma,
vidita cuando te abrazo"

¡A mi juego me llamaron! Una tarde caminé cinco horas cerro arriba, rumbo al poniente, hasta llegar a la apacheta que corona la cumbre de Raco. Llegué desfalleciente y al regreso casi me quedo sin piernas en noche cerrada, para desespero de los abajeños amigos. Alguien tendrá que encontrar el sitio donde Atahualpa construyó su morada, antes que se pierda todo rastro. En El Canto del Viento cuenta que en esas alturas se afincó el compadre Felipe Chocobar. "Allí lo hallé una tarde, hace muchos años, cuando decidí vivir un tiempo en esas soledades. Chocobar me ayudó a levantar los horcones de mi rancho, allá, cerca de las nubes, entre las cumbres raqueñas, en las que pasé una de las etapas más solitarias y hermosas de mi vida."

Entre las escabrosidades me topé con Telva Condorí, que bajaba a caballo y con una mula carguero de tiro, procedente de Chasquivil de donde había partido ocho horas antes. El mismo sendero transitado hace más de sesenta años por Don Ata; los mismos parajes de alta montaña (Chasquivil, la Hoyada, Ancajuli...) y los mismos apellidos: Condorí, Chocobar, Arce....!

"Cuando voy a la loma,
se me hace que subo al cielo.
A buscar una estrella, vidita,
para tu pelo" (La Raqueña)

"Al clarear yo me iré
pa´los pagos de Chasquivil.
Y hasta las espuelas te irán diciendo,
vidita, no te olvides de mi." (Viene Clareando)

Después, otro lugareño, y sus perros, tras unos yeguarizos escapados cerro arriba...

"y guapeando en la senda,
por esos cerros,
el arriero va, el arriero va...
Las penas y las vaquitas
se van por la misma senda,
las penas son de nosotros,
las vaquitas son ajenas." (El Arriero)

Que encontré y quise volverlos, pero a la "sentada" y bufido del oscuro, se me escurrieron, sabedores que las mejores pasturas están arriba, prado de increíble verde inglés. Y mi apunamiento no daba para más correrías...

Para el otro lado, al oriente, El Portezuelo, y los recuerdos...

"Al pasar por el rancho de El Portezuelo,
salían a mirarme sus ojos negros.
Nunca le dije nada, pero qué lindo...
y de feliz le daba mi copla al viento.
..................................................
¿Dónde andará la moza de El Portezuelo?
¿Están tristes o alegres sus ojos negros?
Nunca le dije nada, pero qué lindo...
Siento un dulzor amargo cuando me acuerdo".

El lunes, con Ernesto, y bien montados en el tractor de la comuna raqueña con Eduardo Eraso por conductor, encaramos la quebrada del Río Grande al cual cruzamos y repasamos en ocho oportunidades hasta Las Juntas, para trepar en zigzac la Cuesta de Díaz y mirar el lecho recién abandonado como desde un avión. Mi grabador registraba cada sacudón en la voz de Fabio Chocobar y la cámara fotográfica no daba para tantas tomas... Arribamos al prado de sobre cuesta y, enseguida, otra quebrada y consiguiente subida por camino de cornisa, siempre al filo del precipicio. Hasta llegar a Anfama, a más 2.000 metros sobre el nivel del mar tras dos horas y media de jadeante bamboleo tractoril. Justo frente a las Cumbres Calchaquíes, continuación del Aconquija, con picos imponentes que alcanzan los 4.700 metros, como el Cerro de las Nieves o El Negrito. Paisaje de precordillera, majestuoso, de "una paz bíblica, alcanzada, madurada"...

EL "poblado" está a mitad de camino en la senda de Raco a Tafí del Valle. ("Sería más o menos hacia el año 44. Comencé el camino en los cerros de Raco y seguí por el Alto de Anfama hacia Tafí del Valle"). Tiene escuela y Dispensario de Salud. De agosto a diciembre se accede a pie, a lomo de mula o en tractor. Pero de enero a julio queda aislado: en verano llueve todos los días de 12 a 16 horas, los ríos crecen y arrasan el camino. En el invierno llegan las nevadas. Son 53 habitantes desperdigados en casitas que se esconden en la inmensidad. Economía de subsistencia, huerta, chacrita, algunos animales domésticos y muchos changos, 120 escolares... Entregamos a la escuela Nº 215, Virgen de la Merced de Alto de Anfama, tres cajas de libros y revistas donadas por la Fundación Cultu-Raco que preside Néstor Soria. Las recibió el maestro Pablo Morales, de Simoca, a cargo de la dirección quien, al tiempo de agradecer infinitamente, nos relató las carencias del establecimiento y las peripecias del maestro rural. El mismo, con otros docentes, había caminado por el desfiladero cinco horas la noche anterior para llegar a dar clase. Caminata que se extiende a diez horas en temporadas de aislamiento cuando deben salir por Tafí ante el deseo de reencontrarse con la familia o proveerse en la ciudad... Nos emocionó cuando su vocación docente destacó la recompensa que significa ver felices a tantas caritas morenas que poséen una especial disposición al aprendizaje! Se habían agotado las provisiones para el comedor y el alumnado quedó libre temprano pués algunos deben recorrer dos hora y media a caballo para llegar a sus casas.

Doña Lilia Guerra -dueña de la única proveeduría del paraje- había carneado un chancho de cien kilos el día anterior y nos sirvió un almuerzo inolvidable. De postre nos enteró la existencia de un violinisto y poeta lugareño. Su hija menor, Anabel de siete años, nos guió por un senderito de cabras y ubicamos la ranchada de adobe de Don Román Alberto Cruz. Con ochenta años nos dijo "El último Diaguita" y "A la Maestra Rural", sentidos versos de su autoría, cantos a la raza que corre por sus venas y a los sacrificados docentes cerreños.

"Yo soy un indio diaguita
y el corazón me palpita
al recordar a mis hermanos
que fueron torturados. P
or defender lo que era suyo,
los mataron,
los tiraron a los yuyos".

"Maestrita que vas para las altas montañas
con tu mochila en la espalda
y muy lento tu tranco
y en tu mochila llevas un guardapolvo blanco.
En tiempos de calor y otros tiempos de frío
tienes que cruzar varias veces un río
y así como una palomita blanca
vas remontando tu vuelo".

Y nos tocó varias zambas y vidalas con su violín, aprendido a pura intuición. De yapa: sus recuerdos de Atahualpa Yupanqui en la zona y la ubicación de su rancho en Raco.... ¡Jornada completa!

Finalmente, ubiqué la finca de Ruiz Huidobro, el lugar donde pernotó Marco Avellaneda en 1841 la noche de la Batalla de Famaillá (19.09.1841) en que Oribe derrotó a Lavalle desbaratando la Coalición del Norte que orientaba Avellaneda, entre otros, contra Rosas. Existe la versión que allí mismo fué traicionado y ameneció maniatado a la cama, listo para el degüello... ¡Tambien encontré en las colecciones de La Calladita, una foto del casco de esa estancia a fines de l siglo XIX ! En campos de esta familia levantó su rancho don Ata y allí vivió hasta que le pusieron candado a la tranquera: "Unos amigos míos, eran terratenientes de Raco, primos hermanos entre sí. Y yo, Juan de afuera. Conocían ellos mi devoción por el paisaje, por el pasto, el caballo, la copla, los hombres, los guardamontes y las bagualas. Pero la política los alejó de mí y de la amistad profunda que nos juntaba (...) En las cumbres de Raco yo tenía un ranchito tortiao, hecho con mis manos. Me fui para ahí. Me largué del omnibus y había un caballo que me estaba esperando en la parada, junto al boliche del turco Atín. Monté y me fui hasta una tranquera del campo "La Zanja" para poder subir -desde allí me quedaban cuarenta minutos de viaje para arriba- y la encuentro con llave (...) Entonces me doy cuenta de que la intención era no facilitarme la llegada a mi pobre rancho (...) Era un descuidar la amistad, fastidio, repudio a mi condición de criollo (...) Al otro día, entonces, agarré mi caballo colorado (...) Le dí un guazcazo en las ancas y el caballo se perdió galopando entre las cumbres." (La Opinión, 14.10.1973)

"Tapera es hoy aquel rancho que tanto quise y que los tiempos cubrieron de pajonal, enredaderas y olvidos, después de las luchas bravas que sostuve y que remataron en una zamba que me lastima cada vez que la canto: "Adios Tucumán". (El Canto del Viento)

"Como me duele esta pena,
de irme tan lejos de mi Tucumán.
Adios mi pago querido,
mi rancho de Raco, mi lindo sauzal.
Cuando te cante en mi zamba
quién sabe tu gaucho por dónde andará.
Mi sillonero pashuco
ya nunca lo ensillaré.
Lo han de cuidar las estrellas
y adios mi caballo, ya no volveré"

Finalmente en la capital tucumana entrevisté a Federico Nieva, paisano de cerno criollo, nacido en 1925, cantor y guitarrista, folklorista auténtico, sincero, amigo de Don Ata por más de cuatro décadas y de quien recibió el regalo de dos de sus guitarras. Pese a que le apodan "el mudo" y que Yupanqui lo distinguió precisamente porque hablaba poco, brindó un testimonio memorable, salpicado de coloridas salidas y jugosas anécdotas. Por 1957 recaló en Uruguay y atesora preciosos recuerdos de Osiris Rodriguez Castillos (interpreta Tata Juancho y Como yo lo siento), Anselmo Grau, Aníbal Sampayo, Abel y Agustín Carlevaro...

La prosa siguió al mediodía sabatino, bien regada, en lo de Uvila, almacén-bar de fantasía, "abadia de los reos/ que olvidaron el salmo de rezar", refugio de la bohemia tucumana.

"entremezcladas alcurnias con linyeras,
democracia que enseña el mostrador,
manos sucias, mecánicos, poetas,
guitarreros, escribas o doctor".
(Néstor Soria: Tango de ramos generales)

Y la despedida en La Peña El Cardón, con las empanadas de María, ganadora de concursos regionales, el poeta Mario Casacci y los quemantes cuarenta y pico de grados de sensación térmica, afuera...

Un viaje al corazón de la Patria Grande, que existe y late, pese a las vanalidades y supercherías... ¡de la modernidad!

Schubert Flores Vassella

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