ARIEL PETROCELLI, poeta argentino, salteño

Extraído de www.lagaceta.com.ar (18/09/2010)

El folclore perdió al poeta Ariel Petrocelli.

Fue creador de zambas, baguales y vidalas, que narraron su tiempo.

SALTA.- La poesía aplicada al cancionero folclórico perdió ayer la luminosa pluma del poeta y compositor salteño Ariel Petrocelli, autor de reconocidas piezas como "El Seclanteño" y "Zamba del Angel". Petrocelli murió a los 73 años en una clínica de la capital salteña.

A partir de los ritmos de las vidalas, las bagualas y las zambas, este creador nacido en 1937 en Campo Santo encontró la manera de narrar su tiempo. Lo hizo sin perder jamás de vista el peso de las tradiciones heredadas de los pueblos originarios de la región.

La dimensión de su obra permitió que grandes de la talla de Mercedes Sosa, Horacio Guarany, Daniel Toro, Los Tucu Tucu, Los Cuatro de Córdoba, Los Cantores del Alba, Los de Salta y Zamba Quipildor, por citar algunos, interpretaran las líricas y las músicas que supo urdir combinando saber, talento, curiosidad, testimonio y conocimiento.

Petrocelli cursó la primaria en un colegio salesiano y se recibió de maestro en la Escuela Normal de Salta, por lo que luego se trasladó a Cachi para ejercer como docente en ese pueblo, donde con 19 años empezó a escribir sus poemas (entre ellos "Zamba de Cachi").

En ese pueblo, además, conoció los antigales, restos de las civilizaciones índígenas que habitaban América antes de la conquista española, un espacio que los pobladores actuales reconocen como portadores de un antiguo significado. En ese sentido, la palabra antigal es un argentinismo que significa "antiguo" y al que el artista debe la zamba "El Antigal", que compuso junto a Daniel Toro y Lito Nieva.

A comienzos de los 60 se encontró con los hermanos Gerardo y Pepe Núñez para dar forma a "Zafra". (Especial)

GUAGUA DEL PAN

Si no me miente la harina
yo tengo un niño de pan.
Llanto de barro y ceniza
cunita para ofrendar.

Gajo que crece en mi tierra
tierra que vuelve a pasar,
yo lo maduro cantando
y él solo aprende a llorar.

Hijo de pan calladito
quiera de pronto llorar,
que cuando llore el de carne
yo lo sabré consolar.

Tengo una manta de trigo
llama y vicuña de sal,
para esperar al que llora
mis entrañas y este chal.

Duerma que llegan las doce
duendes de vino y mantel,
hadas de choclos y quesos,
mariposas de papel.

Ariel Petrocelli

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