APROXIMACIÓN A LA OBRA DE YUPANQUI por Teresa Parodi

Yupanqui musicalizó la argentinidad aún sin proponérselo.
Le dio entidad al sonido legitimando un modo,
una manera sonora que nos contendría
a todos nosotros, nación, para siempre.
Es uno de nuestros lenguajes, Yupanqui.
Nos reconocemos al escucharlo, al leerlo, al abordarlo
en lo que todavía estamos intentando construir,
en lo que todavía estamos intentando comprender,
en lo que todavía estamos intentando patentar,
consolidar, creer.
En eso que se supone que somos
y que su obra dice de nosotros y que nosotros presentimos
que es verdad, al mismo tiempo, porque está en su obra.
La argentinidad yupanquiana es un hecho
que ya jamás podremos negar.
Somos hijos de esa certeza.
En su emblemático estilo se acentúa la Argentina de adentro,
la de los largos caminos,
la de los trabajos más rudos,
a sol y lluvia y campo sin fin y llanura inabarcable,
y oscuridad de minas y soledad desértica
y pobreza y rebeldía y denuncia justiciera.
Fue un testigo privilegiado y de lujo que supimos tener,
un habitante errante en las fronteras más lejanas
de nuestro querer ser.
Se adentró en los quehaceres y en los saberes populares
compartiendo el infortunio y las asperezas
de la tremenda patria marginada.
Miró desde allí el porvenir.
Atesoró desde allí los sonidos de nuestra memoria.
Esa intransferible memoria
de lo que seremos finalmente algún día.
Su obra es de salón y de cantina,
de rueda fogonera y de teatro.
Refinadamente gauchesca, refinadamente profunda,
refinadamente aguda, refinadamente universal.
La deliberada claridad de sus versos,
la deliberada claridad de sus armonías,
denotan su eterna búsqueda de belleza
hurgando en lo popular pero volando alto.
Lo trasciende su conocimiento del hombre
y sus asuntos y allí está, con total epifanía,
su arte formidable poniéndole nombre y apellido
a nuestra esencia más recóndita.
Esa que se manifiesta cuando transitamos
por los caminos que Yupanqui abre ante nuestros ojos
desde un lugar imposible de ignorar
porque es parte de nosotros mismos.
Su aguerrida y doliente guitarra,
su finísima poesía desnudándonos el alma,
su decir minucioso, sus silencios sonoros,
su música entrañable nos define de cuerpo entero
y nos funda el sentido del ser nacional
que todavía estamos gestando.
Conscientes o no de ello,
nadie puede escapar de esta luminosa certeza.

Teresa Parodi

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