"Osiris" por Roberto "Coya Chavero

(en oportunidad de la no asistencia a un homenaje a Osiris Rodríguez Castillo).

MANOS BRUTAS
por Osiris Rodríguez Castillo

Paisano Osiris: ante todo disculpe Ud. mi ausencia esta noche, en que tantos se han reunido a rendirle a su obra tan merecido homenaje.
A mi modo quiero arrimar este relato de lo que representó para mí conocerlo y a su obra en aquellos primeros años míos de aleteo tímido y asombrado entre coplas y sonetos.
Al llegar del colegio me encontré con Ud., una tarde, sentado en un puf traído de Marruecos y a mis padres conversando y escuchando sus canciones y sus versos. Nos ganó su apostura seductora, su lenguaje y la sonoridad orientala de su fabla que tanto nos gusta a los criollos de aquí. Mis padres y yo escuchamos en silencio sus canciones, aunque debo confesar que la forma de su canto no era atractivo para mí. Sí su forma de decir sus versos.
Hasta que en un momento aparecieron esas "Manos Brutas" que conmovieron mi adolescencia anhelosa de poesía-verdad, de canto afirmado en el pueblo. Esas manos me resultaron tan inolvidables como todas las manos que ví desde mi infancia en mi Cerro Colorado: manos de picapedreros, domadores, hacheros, peones siete oficios. Desde niño el asombro me ganaba cuando esas semejantes manos, llenas de cicatrices de tiempo, lluvias, vientos y tironeos del lazo con que se sujetaban a la existencia, estrechaban las mías con suavidad y ternura de arroyo serrano.
Manos Brutas... Si era para no creer tanta justeza al cantar a aquellos hombres que constituyeron el universo de mi infancia.
Me lo aprendí de memoria cuando llegó a mis manos su libro. Y mientras lo decía, desfilaban esos paisanos.
Aquella tarde quedó escondida en un recodo de mi memoria, hasta que recibí el convite de esta noche.
Tal vez alguien lea o diga Manos Brutas, para que esta noche acompañen su memoria los Barrera, los Medina, los Sosa, los Ibañez, los Saravia que me convidaron yerbeao con pan casero a la hora del descanso. Seguro que van a estar en primera fila como están las estrellas en la noche de mi Cerro Colorado. Salud a su memoria. Salud y vida a su obra don Osiris.
Firmo estas palabras, nacidas de mis entrañas, como Ud. me conoció.

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