"Carta a los hijos" por Jaime Mocciaro

Mis queridos hijos:

Cuando nací, mis padres vivían en una farmacia, la Farmacia "Bedoya", en Alta Córdoba, Bedoya y Rodriguez Peña... Pasé mis primeros cuatro años entre olores penetrantes que venían desde las estanterías y el laboratorio: benzoles, mentas, perfumes de los jabones y las lociones... Papá, el abuelo Cataldo, era farmacéutico, preparaba jarabes, cremas, sellos antigripales. Pero como también era estudiante de medicina y tomaba mate todo el tiempo, mientras estudiaba, su olor, el que recuerdo, era el olor del mate... Mi mamá, la abuela Agnes, ayudaba en la farmacia, y elaboraba unos perfumes económicos que compraban las chicas humildes del barrio y que ella llamaba "Colonia Amor de Vigilante"...

Papá y Mamá, sus abuelos, muy a menudo recordaban y relataban hechos de cuando vivían en Tucumán. A veces, esos recuerdos eran traídos entre risas, carcajadas y hasta con algunas canciones... "Divertido, divertido siempre i´sido"... era una baguala que cantaba Papá, con expresión triste, lenta, imitando a los collas...
Y yo no entendía de qué se reían. Otras veces memoraban cuando Papá se subía a los tablados del teatro estudiantil, no sé si a cantar, pero si a zapatear malambos, cosa que a todos les causaba mucha gracia. Imaginen Uds. al gringo colorao, de anteojos, y lo que era más gracioso, de piernas chuecas, revoleando las chuncas, meta malambear.

Tucumán, Tucumán, era algo que sonaba muy seguido en mi casa de la farmacia…

-Mamá ¿qué es Tucumán? preguntaba yo... entre tantas evocaciones... Ahí Mamá me contaba que era donde vivían cuando Papá estudiaba para ser farmacéutico.
-¿Y dónde?
-En una casa de estudiantes... Y había muchas flores, por eso le decían el Jardín de la República.
-Y yo ¿dónde estaba? ¿Qué hacía yo en Tucumán?
-Vos no estabas...
Me enojaba terriblemente:
¡-Porqué no me llevaron! ¿Ah?, chillaba yo muy enculao... No quería aceptar para nada aquello de que "vos aún no habías nacido..."
Seguramente me habría creído eterno, que siempre había estado con Papá y Mamá...
Por entonces solían recordar a Atahualpa Yupanqui, y Papá acostumbraba a cantar con una voz muy estridente para el caso, canciones como Camino del Indio, Tierra Querida...

Años después, yo tendría alrededor de 11 años, viviendo ya en la casa grande, donde también estaba el consultorio de Papá, un día vi que había grandes movimientos... como preparando una gran reunión, cosa que era frecuente. Le pregunté a la Baba Rosa -¿Qué pasa, quiénes vienen ahora? y me contestó muy sigilosamente:
-Sh! No lo comentes con nadie... esta noche va a venir a cantar y tocar la guitarra Atahualpa... Era la época en que Don Ata estaba prohibido como intérprete y como autor... Vendría a casa sigilosamente, como sucedía siempre que recibíamos a perseguidos, prohibidos y especímenes similares...

Desde muy chiquito me habían adiestrado en eso de "no lo comentes con nadie"... Fue entonces que la Baba Rosa, mi abuela, me explicó que Atahualpa era un "compañero" -palabra cómplice-, que era un gran artista, pero que no lo dejaban actuar porque hizo canciones como la que dice que "...las penas son de nosotros y las vaquitas son ajenas..." por lo que yo debía deducir que los dueños de las vacas eran unos flor de hijos de puta... Primeras y elementales nociones para una conciencia revolucionaria.
Mamá me comentaba que Atahualpa Yupanqui también había compuesto Nostalgias Tucumanas, Los ejes de mi carreta...: "Porque no engraso los ejes, me llaman abandonao... si a mí me gustan que suenen, pa´que los voy a engrasar...", canturreaba...
-Mamá... ¿Qué son los ejes? ¿Y por qué no los engrasa? ¿Ah?...
Y ahí me daba otra clase elemental de poesía, en torno a la soledad y el silencio... Primeras nociones de esos misterios.
Cuando oscureció, apareció uno de esos amigos nuestros, portando muy serio y con mucho cuidado, un bulto negro. Papá apagó las luces de la entrada, para que nadie viera que estaban entrando una guitarra... porque era la guitarra de Atahualpa Yupanqui. Más tarde y con las mismas precauciones vi llegar a otros amigos que acompañaban a un hombre morocho, robusto, vestido de negro, un rostro que jamás podré olvidar.
Creo recordar que traía un sombrero negro en la mano. Era Atahualpa Yupanqui. Y a mí me mandaron hacia arriba, que me fuera a dormir. Iba a comenzar la velada privada y prohibida -organizada tal vez por la gente de "recursos", donde Atahualpa, iba cantar, tocar y relatar sus viajes por Europa, desde donde regresaba reciente y clandestinamente.
Subí, pero no a dormir. Asomado al hueco de la escalera, esperé ansiosamente que comenzara la
función. Y ahí estuve, absorto, oyendo más y más lecciones sobre los misterios: El arriero, Zamba del Grillo, Recuerdos del Portezuelo, Cruz del Sur. Papá le pidió Luna Tucumana... otra vez Tucumán...
Cuenta la leyenda familiar, que mientras Don Ata preludiaba para comenzar una obra, me dieron ganas de hacer pis y fuí hasta el baño de arriba, pero dejé la puerta abierta. Así fue como en medio del silencio y las poesías, se escuchó nítidamente mi orinar y posterior "tirada de cadena"...
Han pasado bastante más de 50 años, y aún siento la vergüenza de haberle "pishado" un concierto al gran Atahualpa Yupanqui.

-Mamá ¿Por qué ese nombre tan raro? ¿De qué país es Atahualpa Yupanqui?
-No, no es de ningún país extranjero... él se puso, adoptó ese nombre artístico como suelen hacerlo
artistas, poetas...
-¿Como Lila?
-Como Lila Guerrero, claro... El se puso así, como recuerdo a los caciques, el Inca Atahualpa...
-Y él, ¿cómo se llama de verdá. ah?
-Pero qué se yo... Dejá de preguntar y andá a donde te mandé! Abrupto final de otra lección de misterios...

En casa teníamos una gran cantidad de discos, esos 78 RPM, ya históricos. Varios, entre otros, eran de Atahualpa Yupanqui, de Osvaldo Pugliese, absolutamente prohibidos por los años 50. El problema se armó cuando un día vinieron a allanar mi casa, con orden judicial y todo. Eran los canas de la temida "Sección Especial, de Orden Social y Político" de la Policía provincial.
Todo legal, claro... legalmente prohibían... Venían a buscar elementos tales que alterarían precisamente el "orden social". El allanamiento se hizo esa vez muy tranquilamente, sin golpear ni romper nada. Papá era un hombre muy conocido y respetado y seguramente no quisieron hacer ruidos ni destrozos, porque había bastante gente curiosa, vecinos, amontonados en la vereda de casa.
Se fueron a las estanterías de libros y discos, y ahí nomás Papá, el abuelo Cataldo, los paró:
-Un momento! Si me permiten, se los muestro yo... son libros de medicina y me ampara el secreto profesional.
-No...ta´bien dotor... ¿Y éso? ¿quéloque son?, preguntó el cana señalando la enorme cantidad de
álbumes de discos... Ahí fue el temor. Si daban con los discos prohibidos, iba a ser como si hubieran hallado armas de guerra. Los podrían romper ahí mismo o secuestrarlos. Y Papá iría preso, seguramente, por ser portador de elementos antisociales. Entonces, Don Cataldo, "el dotor", muy serenamente les dijo:
-Son discos, y hay de todo, mire vea... óperas, conciertos... ¿Quieren escuchar algo de Beethoven? Los canas sonrieron.
-No, dotor... gracia. Si tuviera algún tanguito, un valse... ¡Pero mire usté las cosas rara que oye! Ja, ja, ja.
Y al rato se fueron, tranquilamente. Los suspiros de alivio disiparon nubes de adrenalina.

-Papá ¿Por qué no lo quieren a Atahualpa?
-Y mirá, Jaimito, porque tiene canciones como Las Preguntitas... (Ahí se cuestionaba la existencia de Dios, o por lo menos que Dios era partidario de la burguesía): "... si Dios ayuda a los pobres, tal vez si, tal vez no... pero si sé que almuerza en la mesa del patrón"... Lección ésta vez no tan misteriosa: no queremos a la Iglesia... o lo que es peor, la Iglesia no nos quiere. Los canas, la Iglesia y los dueños de las vaquitas son todos la misma cosa. Elemental.

Recuerdo que hasta hace poco tuve guardado un ejemplar de "Cuadernos de Cultura" mensuario marxista del P.C., donde había un artículo de Atahualpa Yupanqui sobre lingüística. Por esa época se empezó a correr el rumor en el ambiente familiar, que Atahualpa Yupanqui no era más bueno. Que había traicionado. Resulta que el día que se hartó de dogmatismos y burocracias, renunció públicamente al PC. Por ahí hay una alusión en esa gran obra suya "El payador perseguido". Entonces fue que fueron los "camaradas" los que pusieron en las listas negras a Atahualpa Yupanqui...
"-Un buen compañero no debe cantar ni escuchar nada de ese traidor"... y continuaban con difamaciones: que era desafinado (¿?), que muchas de sus canciones habrían sido robadas o plagiadas de tantos viajes que hizo recopilando... (!!) En fin...
Como vemos, a la hora del sectarismo, o simplemente de la estupidez humana, los extremos se juntan. Imbéciles del mundo ¡Unios! sería su consigna.

Con la seguridad de que hechos similares se sucederían en la historia, por fortuna no hicimos caso a unos ni a otros. Conservamos los discos de Atahualpa Yupanqui, tuvimos y tenemos muchos más, amamos y cantamos sus canciones, sus poemas, su ejemplo... Por siempre.

Luchar por ser coherentes, nos es fácil. Pero a veces lo logramos.

Con todo el cariño.

Papá.
20-2-1998

PD.: Con ésta va otro cassette, Testimonio II de Don Ata. Escúchenlo atentamente. Vale la pena.
Otra: A algunos de Uds. -tal vez a todos- les envié hace tiempo, el anterior Testimonio I. Si alguno no lo recibió porque se perdió o por omisión mía, que avise y mando otro. Está muy bueno!!!

JAIME MOCCIARO

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