La fiebre y la enfermedad

por Roberto "Coya" Chavero

El periodismo que ejerció Moreno consistió en amojonar la realidad que le tocó vivir pensando siempre en el camino futuro que habrían de recorrer las futuras generaciones.
Lo siento como a un joven con una mirada dramática de la existencia. Demasiada conciencia de las debilidades humanas. Lo veo con una enorme fortaleza de espíritu, al que muchos temían, del que otros desconfiaban pero al que todos valoraban.
Han pasado muchos años desde entonces y hoy siento que muchas veces lo seguimos arrojando al mar, don Mariano.
Hoy la vida nos transcurre como en un videoclip permanente.
Toda la existencia se ha convertido en una realidad televisiva. Los hechos, se suceden en la consideración de cada uno de nosotros sin la posibilidad de elaborarlos pues automáticamente son suplantados por nuevos acontecimientos.
Los canales de TV tienen hoy, un formato de programación videoclipada salvo ciertos clásicos que representan altas mediciones con una pantalla dispuesta a manipular con todas las herramientas posibles al público. La tendencia se modifica en el día a día de acuerdo a las mediciones. La presencia de un futbol sin programación horaria seria y adelantada ha contribuido a acentuar esa tendencia.
La realidad es que hasta en música sucede que las disquerías que venden música clásica están descubriendo que sus clientes se han transformado en buscadores de “novedades” y que los clásicos de la música clásica quedan postergados por el intérprete destacado por los medios.
Al no tener espacios para medir, razonar, elaborar hemos caído en una vorágine en la que nos convertimos en actores del videoclip de la vida diaria.
Vuelvo a Ud. don Mariano, para agradecerle los textos que tan bien describieron la necesidad de los rumbos meditados que se convierten lentamente en largas rutas, caminos y senderos que se transitan con previsibilidad, lo que no quiere decir ausencia de peligros u obstáculos. Uno sabe cuáles son estos porque tiene un tiempo para razonar y elaborar las cosas. No está esperando que el lenguaraz de turno le aporte la “salida” o el “atajo”.
Lo elabora uno mismo.
Por eso hablo de senderos, caminos y rutas. El sendero lo recorremos de a uno. El camino lo hacemos en compañía pero entre pocos. La ruta la caminamos entre todos.
Simplemente porque hay un rumbo común. No impuesto, natural, en el que podemos ir solos, en compañía o en grupo pero nadie se quedará al margen, salvo una decisión personal, de apartarse por elección de otro rumbo. Y esto será aceptado.
De todo esto pienso que lo grave es la manipulación de las personas para imponer un rumbo que, aunque sea acertado, terminará en un gran fracaso porque tarde o temprano los humanos terminan queriendo decidir por sí mismos.
La tendencia de la sociedad de consumo va en sentido inverso a esto. Nadie debe decidir por sí mismo. Es peligroso para el mercado que es quien impone las reglas y sus cambios permanentes para sostenerse. Aquí es donde volvemos a la cultura impuesta del videoclip. No puedo desarrollar un pensamiento a lo largo de más de un pequeño lapso porque inmediatamente tengo una pulsión por saltar a otro.
Cómo puede una sociedad que depende tanto del diagnóstico que comunican los periodistas diferenciar, a ciencia cierta, la enfermedad de la fiebre o de sus síntomas.
Los medios viven hablando de los síntomas de las enfermedades de nuestra sociedad. Jamás del origen de ellas.
Por eso hoy, don Mariano, quiero decirle que Ud. no murió en altamar, ni siquiera murió. Es eterno, como su pensamiento, porque en él anida la esperanza de libertad de los pueblos. Junto a otros obviamente. Pero este es su día, dicen. Yo aseguro que todos los días son su día. Pues no hay momento en el que no nos manipulen para que “cantemos loas a los tiranos”, como escribiera Ud. Sean estos personas físicas, jurídicas o abstractas ideologías que siempre hablan de hacer el bien pero eligen el sendero de la conveniencia personal, el camino de la complicidad y la ruta de la prepotencia.
Como cada día, uno de sus deudores eternos, lo saluda con el más alto respeto.

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