LEÓN FELIPE

Felipe Camino Galicia de la Rosa, conocido como León Felipe (Tábara, Zamora, España, 11 de abril de 1884 - Ciudad de México, 18 de septiembre de 1968).

Yo crecí leyendo y estudiando a este León.
Muchos años atrás vino a la Argentina y pasó por Córdoba. Como el romero al que cantaba, pasó ligero, siempre ligero. No sé si aquellos poetas precedían a sus palabras o si ellas los llevaban por el mundo. Iban poblando los vientos de nuevos horizontes, quedaban resonando en la oscuridad de los salones, salas y pequeños centros culturales abriendo surcos en el corazón de quienes escuchaban. Y en su conciencia. Mi padre fue uno de ellos.
Cuando me contó, casi en confidencia de niño travieso, en esos años, ellos mismos se verían así, supongo, que había conocido y compartido una pieza de pensión en Córdoba, con León Felipe, quien se había engripado y al que le compraba los remedios y al que atendía todos esos días!
Y que, además, lo había nombrado su "enfermero honorario"!
Sentí que mi padre había estado con Dios y que me regalaba en ese simple relato, un abuelo del que nunca me había apartado desde la primera lectura de una antología suya, y al que nunca más abandonaría.
Con su boina, sus anteojos y su mirada pícara, profunda, "yo que nunca tuve un mi abuelo", leí sus poemas cada vez con más atención.
Las bestias creen ahogar la voz de los poetas degollando sus ecos. A veces eligen fusilarlos, otras desterrarlos, a ellos que son la tierra, todas las tierras, como si se los pudiera desaparecer como a un libro cuando solo le quedan sus cenizas!
León Felipe venía del desgarro de la República, su ropa oliendo a pólvora, a barro de trinchera, a humedad de calabozo, con su palabra forjada en piedra eterna, con un agua pura y bajo el limpio cielo de su corazón.
Y pasó. Como el romero: “ligero, siempre ligero”!
Se fue a otra tierra, a otra su tierra y allí quedó bajo el sol de los mayas, un sol rojo por tanta sangre derramada por el mismo sueño: un mundo sin mal.
Para que conozcamos mejor ese mundo, que emerge tantas veces como lo han querido sumergir, una y otra vez, desde hace tanto tiempo...
Sus voces renuevan nuestra fuerza en la adversidad. Se han alimentado del fuego y del llanto. Así somos, así queremos ser porque ellos nos enseñaron así.

"Y cómo alimentarás el fuego
y cosecharás el trigo,
si yo me llevo la canción"...
León Felipe

Roberto Chavero, hijo de Atahualpa Yupanqui y presidente de de la Fundación Atahualpa Yupanqui.

OPONED EL SUEÑO AL CUENTO

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
Que la cuna del hombre la mecen con cuentos…
Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…
Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…
Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…
Y que el miedo del hombre…
ha inventado todos los cuentos.
Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,
soy nuevo en la ciudad…
Y esto quiere decir:
Me durmieron con un cuento…
y me he despertado con un sueño
Voy a contar mi sueño.
Es un cuento sin lazos,
sin espejos,
sin anillos,
sin redes,
sin trampas… y sin miedo

León Felipe

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