Una luna tucumana silba en el universo de don Ata

por Roberto Espinosa

Extraído de la versión digital del diario La Gaceta (Tucumán)

Hace dos décadas fallecía a los 84 años en Nîmes, Francia, Atahualpa Yupanqui. Amasó en zambas su amor por Tucumán.


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La bordona sacude la nostalgia. Río. Alazán. Cielo. Cerro. Llanura. Piedra. Camino. Ruedan en la memoria de sus ojos. Se desperezan entre las cuerdas. "Su madera no es madera; es una selva incendiada. Crisol de todos los cantos. Dolor de todas las ramas. Para volar en la noche usa dos manos por alas. Vuela la música, lejos bajo las estrellas altas...". La guitarra reza un silencio en la oscuridad.

Rostros. Paisajes. Veranos. Cumbres. Inviernos. Changuitos. Acheral. Peladores. Tafí del Valle. Alpachiri. Pobreza. Tafí Viejo. Villa Muñecas. La Angostura. Amaicha. Colalao. Villa Luján. Raco. Burruyacu... son grillos en el alma. "Los caminos son caminos en la tierra y nada más. Las leguas desaparecen si el alma empieza a aletear... Si el mundo está dentro de uno, afuera, ¿por qué mirar...?", murmura.

Un huayno de meteoros se refleja en sus pupilas. El tiempo tira adelante, el alma tira p'atrás. Ese 31 de enero de 1908 lo despierta una milonga en el Campo de la Cruz, Pergamino. El eco del viento lo sopla hacia el horizonte, de donde parten las sendas de la vida. El corazón de nueve años echa raíces en Tucumán y este se le abrocha en el alma. "El corazón es un arco, casi no cabe en el pecho, y vuela quebrada arriba el grito de los arrieros... El grito salta en las piedras atropellando el silencio...

Primero buscaba la palabra del hombre, después, cuando la encontré... la raíz, lo que yo sentía mi raíz, creo yo que era el indiano, el indígena, lo que había dentro de mi ánimo o de las fuerzas que animan mi existencia", piensa.

La bordona sacude una chacarera: "En piedras y moldejones trabajan grandes y chicos martillando todo el día pa'que otro se vuelva rico... El zorro me llevó un pollo y una tarde lo rastrié; vide que usaba alpargatas y eran del número diez..."

Un cometa le roza los aleros del ensueño. Siente que su vida ha sido el universo al revés. Camina a caballo todo Tucumán. Lo adoba en zambas. "Uno se subdivide en muchos, se multiplica en muchos. Uno somos nosotros, como decía el gaucho antiguamente... Por caminos tucumanos, pena, rigor y silencio, se van los hombres del surco tan tristes como vinieron... ¡Soy como el cañaveral, con sol, y fruto, y silencios. Y en el alma voy quemando la mal'hoja de mis sueños...!", musita.

1992. Sábado 23 de mayo. Desasosiego. Tristeza. Vagabundean en la madrugada francesa de Nîmes. Ha desistido de actuar esa noche. Rumbo al hotel las calles se abren en valles, arroyos, nevados... Los párpados se acuestan. Soledad. Silencio. Un rumor de zambas le silba en el pecho. Los árboles sueñan dormidos. Por la huella del aire su copla baila despierta. La luna tucumana le lame el alma. Latiendo en la bordona del cosmos y desafiando al olvido, Atahualpa Yupanqui dice: "Capataza, me voy. Ya me despido. Salgo a buscar vidalas al sendero. ¡Tú le dirás las cosas que me callo a todo lo que amo y lo que dejo...!"

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