AEDOS
Por Alejandro Szwarcman

Un modesto aporte al rescate de lo mejor de estos últimos doscientos argentinos años

Se me ocurre una tonta paradója: en griego el vocablo aoidos no es sinónimo de órgano auditivo. Aoidos en griego significa cantor. De allí deriva el término aedo.
¿Y qué es un aedo?. En la antigua Hélade, un aedo era un poeta que componía y cantaba sus propios versos acompañado por un pequeño instrumento de cuerdas.
Por ejemplo, Homero fue un aedo que compuso y cantó allá por el siglo IX antes de nuestra era unos poemas épicos que hasta el presente son considerados dos monumentos de la literatura universal: La Illíada y La Odisea.
Los aedos recogían lo mejor de las tradiciones orales de sus pueblos para luego transformarlas en sustancia escrita o cantada.
No cabe duda de que la actividad de los aedos se convirtió en un factor de gran importancia en la construcción de la identidad cultural de aquellos pueblos de la antigüedad.

Un aedo nacido en esta tierra, Héctor Chavero, salió hace mucho a transitar el país de adentro, a escuchar las voces de la gente para también convertirlas en canto.
Él mismo, contaba con la sencillez y la sabiduría que lo caracterizaba, que una vez, sentado en una ronda de mate entre paisanos escuchó un diálogo entre un padre y su hijo.
El niño le preguntó: -Padre, ¿qué es la pampa?
El hombre después de un breve silencio le contestó:
-La pampa m’hijo... la pampa es un cielo al revés.

Aquellas, no eran personas ilustradas. Era gente sencilla y de trabajo, paisanos a veces circunspectos, de pocas palabras. Pero eran capaces de enunciar maravillosas metáforas surgidas de la observación de su entorno y de sus reflexiones acerca del universo y del hombre.
Aquel incipiente compilador de voces populares pasó a llamarse más tarde Atahualpa Yupanqui.
Falleció un 23 de mayo de 1992 y a casi dieciocho años de su muerte, quizás no seamos concientes aún de la fenomenal dimensión de su legado artístico.
Bastaría pensar que gracias a su presencia en los escenarios, a su labor de intérprete, de poeta, de compositor, en fin, los argentinos podremos exhibir orgullosos durante muchos siglos más el prestigio universal que significó haber dado al mundo un juglar que transformó en verso y en canto lo mejor de nuestra tradición oral y musical.
Entre tanto olvido, no olvidemos al menos eso.

Extraído de http://alejandroszwarcman.blogspot.com/

 

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